Yo conozco un chico que tiene una mochila azul.
Una mochila azul llena de frases en pretérito imperfecto, todas para mí. Y son muchas.
Y como no podía ser de otra manera, tiene el bolsillo abierto, siempre listo para lanzarme alguna o unas cuantas, cuando menos o cuando más lo espero.
El problema, similar al de cualquier misil o bomba arrojada es el efecto. El impacto, siempre deja marca, por dos, tres o muchos más días, ahí está la marca. Visible, palpable.
Y no sólo eso, porque en este caso el enemigo, logrando conquistar territorio se instala en mi cabeza, y andá a sacarlo!
Y resulta que a mí ya no hay estrategia que me funcione. Respuestas elocuentes, rezos por el cambio de tiempo verbal o de mochila, oídos sordos, miradas fulminantes, nada de eso.
Él
con sus arnas mejores, su mochila, su sonrisa, sus ojos y abrazos sigue insistiendo bajo la bandera del te quiero, del cariño, y también del si pero no, del tiempo maldito.
Yo
con estas palabras que es lo único que me queda en este momento para no salir corriendo.
Para no levantar teléfono, para no jugarme el todo por el todo, y salir perdiendo esos instantes de hola cómo andas, y de risas en los que no me lanza misiles y por un rato me olvido de lo mucho que anhelo esos posibles escenarios que a él le gusta venderme con su mochila.
si esa mochila se vaciara..aunque ya empezas a convencerme, deberíamos haber sido en otro tiempo.
Sofia.
Pero una de las sofia cansada, piensa: que va! no jodas, posibilidades hay infinitas (te acordás de Jorge?), lo que tenés es hoy, hoy es hoy (te acordas de Andrés o Ricardo?). Entonces no jodas, no le compre es cuento!! o si o no, o hace el favor de callarte querido, pero no me vengas con posibles en tiempos que no!!
ResponderEliminarAh, acordate también de Julio con sus tal vez!!
Y la escucho, la escucho y la aplaudo pero también le doy unas palmaditas en la espalda.