jueves, 15 de julio de 2010
" (...) Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos a nado, de nuestro llanto (...). " Oliverio Girondo
Rara vez lloro.
Si, sobretodo si se trata de cosas reales (me permito usar el termino real, con lo complejo que es), porque para llorar por películas, propagandas o series soy buena. Con eso no tengo problemas, es más puede ser en tiempo récord.
Pero después, nada che, nada.
Y claramente, no es que no me pasen cosas, no es que no sienta, no se trata de que la vida no me deje caer pianos en la cabeza y esas cosas, no créeme: para nada.
Rara vez lo cuento también.
No sé porque, como si eso me transformara en algo que no quiero ser,como si la ausencia de agua y sal hablarían de una falta de mirada crítica, de sensibilidad, de ternura, de vida.
Claro está ahora, no me enorgullece no llorar, eso no.
Y eso porque hace mucho que entiendo que la fortaleza no pasa por no derramar lagrimas, claro que no; y yo me sé lo suficientemente fuerte.
Por eso hoy en lugar de llorar,cree este blog, hoy lo cuento también, lo grito: rara vez lloro, casi nunca, te sorprenderías con un par de ejemplos, uno en especial.
Quizá esta es mi manera de llorar, debo estar llorando mares o ríos enteros. En este mismo momento, inundo el teclado, la pantalla y la habitación también.
Sofia.
"Canta cuando hay que cantar,
y llora cuando hay que llorar
y es que cantando lloras de todas formas te da igual" ♪♪
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Marta Gómez.
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